En los primeros meses que la fábrica inició su producción, cuando se trabajaba más de ocho horas diarias, el encargado del control de ingreso y salida de los obreros disponía de un pito de aire muy sonoro y característico que se lo tocaba diez minutos antes de la hora de inicio de las labores, es decir, era una especie de advertencia para los empleados. Quien hacía sonar el pito salía algunos metros de los predios, con la finalidad de quienes estaban por llegar al trabajo, escucharan el silbato y apuraran su paso para concurrir a tiempo.

Trabajadores listos para comenzar sus labores

A la hora exacta de ingreso a los respectivos turnos de trabajo, el pito volvía a sonar en la puerta de entrada a las instalaciones de la fábrica, pero ya no con esa vehemencia del que sonaba diez minutos antes. Este sonido indicaba que la jornada laboral había empezado y todos los trabajadores y empleados debían estar listos frente a sus escritorios o máquinas de trabajo. La faena comenzaba con aquel interés, responsabilidad y tesón, propios de los trabajadores de esa época.

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