Corría el año de 1938, en el que la conscripción militar era obligatoria para todos los hombres del país,  por lo cual muchos de los trabajadores de la fábrica tenían que cumplir con este deber cívico; debían  presentarse en el cuartel de Ibarra para ser asignados y trasladados como conscriptos a las diferentes guarniciones militares del país.
Por esta razón, algunos de los trabajadores de la fábrica que demostraban liderazgo en la clase obrera declinaron en sus objetivos momentáneamente, pero otros seguirían la lucha por la defensa de los intereses de sus compañeros, querían fundar un sindicato con todas las de ley y convertirlo en un verdadero puntal o soporte de la clase trabajadora.

El primer sindicato denominado “STAI”, formado el 14 en noviembre de 1935, no tenía realmente un personería jurídica reconocida, a pesar de que sus estatutos estaban inscritos  en el Ministerio de Previsión Social. No existía en esos años un marco legal que le permitiera  actuar sin ningún inconveniente. Por esta razón y como consecuencia de la segunda huelga desarrollada en 1936, en la fábrica fueron despedidos de sus puestos de trabajo alguos de los dirigentes de este primer sindicato.

En el año de 1938 el Gobierno expidió el Código del Trabajo; en él estaba inmersa la Ley de Sindicalización Obligatoria, mediante la cual las empresas a su interior tienen que promover la conformación de los  sindicatos. En 1938 se eligió democráticamente la directiva de un nuevo sindicato y por  cuestiones estratégicas, a pedido de la gerencia de la fábrica, cambiaría su nombre por el  Sindicato Textil de la Fábrica Imbabura la cual adquirió una estructura orgánica,  funcional y legal, convirtiéndose en la base para el trabajo y desarrollo de las futuras  directivas.

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