Desde 1895 había en Atuntaqui cuatro piletas de agua para abastecer a toda la población, no existía agua entubada todavía en el pueblo. Para llegar a estas fuentes, el agua hacía un recorrido a cielo abierto, por los bordes de las calles y, en algunos tramos muy pequeños, el líquido vital era conducido por canales internos construidos de piedra, a manera de túneles.

La pileta principal, la más grande y bella, se encontraba en la parte superior de la plaza del pueblo (hoy parque), casi en el centro. Era una verdadera obra de arte, tanto por su tamaño como por su calidad de tallado en piedra.

Columna de piedra en el centro de la plaza, al fondo la torre de la iglesia solo dos cuerpos y sin reloj

 

 

 

 

 

Las otras tres piletas un tanto rudimentarias, construidas también en piedra, fueron a manera de cajón grande y con una pequeña grada de descenso para facilitar a los lugareños la recogida del agua.

Como el pueblo iba creciendo y los aires de cantonización se hacían más fuertes, era necesario disponer de un parque que le diera al pueblo un aspecto de ciudad.

Se conformó un comité patriótico denominado “Pro Embellecimiento de Atuntaqui”, integrado por algunos altos dirigentes de la Fábrica Textil Imbabura y presidido por Julio Miguel Aguinaga, de seguro el hombre más importante de la historia de este pueblo. Este comité tomó la decisión de convertir la plaza en parque; en él su emblema principal debía ser una gran columna de piedra.

Trasformación de la plaza en parque. En el centro la columna tallada con las piedras de la pileta que en ese lugar existió

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