Desde el mes de noviembre de 1934 ya se contaba con un reglamento de trabajo, pero los administradores de la fábrica hicieron trabajar a los obreros más de ocho horas diarias.

Ante estos atropellos del patrono, el sindicato se puso al frente de las justas demandas  clasistas y realizó el reclamo correspondiente por vías ordinarias entregando sendos  comunicados a los administradores y también reuniéndose con ellos con el propósito de  poner fin a la injusticia. Lamentablemente, el pedido de la organización no fue atentido.

Ante esta actitud prepotente de los administradores, a mediados de 1935, en el año que se  desempañaba José María Velasco Ibarra, los miembros del sindicato decidieron realizar una  huelga porque las charlas, discusiones y estrategias planteadas fueron rechazadas.

La mayoría de los trabajadores de la fábrica paralizaron las actividades aun arriesgando sus puestos de trabajo durante veinticuatro horas. Esta actitud valiente y decidida hizo que los administradores, luego de algunas horas de diálogo, tomaron la decisión de aceptar y hacer cumplir las ocho horas diarias de trabajo y las horas laborables, luego de este horario, deberán ser pagadas como horas extras.

Fue el primer triunfo de los sindicalistas, y lo más importante, se dejó sentado un precedente par las futuras generaciones gremiales. La mayoría entendió que los patronos no pueden ni deben jugar con los intereses de los obreros.

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